|
El ex congresista y general en retiro, ahora autodenominado defensor de las causas populares, es severamente cuestionado por las comunidades indígenas del Ecuador, que lo sindican como un traidor a su lucha, y que se aprovechó de la confianza que le dieron para intentar perpetrar un golpe de Estado militar. En estos momentos, escondido entre las fauces de las cúpulas castrenses, que él conoce muy bien, ha decidido desaparecer hasta que las aguas se aquieten. Sin embargo, Ecuador, en cualquier momento puede estallar.
Pueden plantearse una serie de disquisiciones conceptuales en torno a lo que sucedió en Ecuador:
golpe de Estado, insurrección civil-militar, u otro apelativo, acorde con la experiencia verbal de los analistas. Sin embargo, lo cierto es que el señor Jamil Mahuad fue derrocado vilmente del cargo que ostentaba por decisión única y exclusiva de la voluntad popular.
Su defenestración del poder fue promovida por un grupo minúsculo de la población ecuatoriana, constituida por la Confederación Nacional de Indígenas del Ecuador (Conaie), en colusión con otro grupo minúsculo de las fuerzas armadas, que utilizaron a oficiales del Ejército de menor rango (coroneles), y listo. Así de fácil, provocaron el derrumbe de un gobierno legítimamente elegido, en un Estado de Derecho.
Precariedad democrática
Lamentablemente, todo esto demuestra una vez más, la precariedad de las democracias representativas en los diferentes países de América Latina, especialmente en Argentina, Colombia y Venezuela, en donde persiste la inestabilidad social.
La frágil democracia es un factor común y corriente en la mayor parte del continente, y más aún, cuando está amparada bajo las sombras de un militarismo enquistado en las esferas del poder.
El militarismo, en estados continentales de débil afianzamiento democrático, se ha convertido en una amenaza, siempre y cuando sean dirigidos por mentes de oscuros intereses de ambición y poder.
Simultáneamente se sucedieron hechos similares en otros pa’ses de América Latina. Ante este cómulo de situaciones ¿quiere decir entonces que los militares son los nuevos dueños de la democracia? ¿Los pueblos latinoamericanos deben pedirle permiso a ellos para gobernar?
Con el ejemplo del caso ecuatoriano, de repente en cualquier lugar del continente latinoamericano, un grupo de comerciantes ambulantes, disconformes con el gobierno de turno, toma el Congreso o Palacio de Gobierno, con la anuencia de algunos militares, para adherirse al poder.
Lo de Ecuador es sintomático, pues ha dejado en claro que tras toda insinuación o ejecución golpista, están los intereses castrenses.
Paco Moncayo, el traidor
Sin embargo, en Ecuador no resultó tan simple la cosa, pues el domingo último los miembros del Conaie acusaron a los jefes del Comando Conjunto de las FF AA, Carlos Mendoza, y del Ejército Telmo Sandoval, de planear el derrocamiento del gobernante ecuatoriano, teniendo como principal promotor al hasta entonces congresista Francisco "Paco" Moncayo, quien marchó con los indígenas "en una sola fuerza, para demostrar a todos los pueblos del mundo que cuando el pueblo se levanta no existe obstáculo alguno que lo contenga", según sus propias palabras.
Incluso, Moncayo fue el principal instigador de las comunidades indígenas para ingresar al Palacio de Carondelet. Es más, en medio del fragor de la marcha, Moncayo anunció públicamente que renunciaba a su curul en el Congreso ecuatoriano, y que a partir de ese momento, formaba parte de la civilidad como nexo con los militares para entregarles el poder. La tribuna fue excepcional para Moncayo.
Sin embargo, la decepción vino cuando se dieron cuenta de que estaban poniendo en escena ese dicho popular que expresa: "nadie sabe para quien trabaja".
Efectivamente, los indígenas denunciaron que esas acciones, secundadas por varios coroneles, pretendían poner en marcha el plan de gobierno acordado por los militares.
Paco Moncayo desapareció como por encanto, pero estaba al tanto de las acciones de su hermano, el general Carlos Moncayo, en momentos que le pedía a Mahuad que abandone el Palacio de Carondelet.
Por esa razón la Conaie calificó de "traición" la actitud de Moncayo y de los grupos militares que manipulaba y que promovieron este golpe de Estado, pues consideran que diluyeron una junta cívico militar de gobierno, integrada por Mendoza, un líder indígena y un ex juez, para luego entregar el poder al hasta entonces vicepresidente del país, Gustavo Noboa. Este gobierno ha sido desconocido por la Conaie, por su condición de vicepresidente de Mahuad, en quien no confían porque piensan que continuará con la política neoliberal emprendida por su antecesor.
Es decir, como manifiestan los indígenas, se sienten defraudados por haber sido prácticamente utilizados por los altos mandos de las fuerzas armadas ecuatorianas y sobre todo por el seudo adalid de las causas populares, Paco Moncayo, quien siempre se opuso al Acuerdo de Paz suscrito entre Perú y Ecuador. Los indígenas tuvieron que regresar a sus lugares de origen.
Grande entre los grandes
Es necesario destacar la figura de un Jamil Mahuad sereno, consciente de los hechos y responsable de sus actos, señalando en su último discurso televisivo que en ningún momento había abandonado su cargo, sino que fue obligado a salir del Palacio de Carondelet, pues el general Carlos Moncayo le advirtió que no era capaz de garantizar la seguridad del palacio ni de sus ocupantes. Mahuad calificó de "cantinflada" la formación del autodenominado triunvirato y exhortó a sus conciudadanos a impedir una dictadura militar.
Finalmente, en un gesto que lo describe como responsable de sus decisiones dijo: "Ojalá den a Noboa el apoyo que siempre les pedí pero que nunca me dieron. Los conmino a dar una muestra de generosidad y a eliminar las mezquindades".
Al cierre de esta edición, lunes 24 de enero, 11:10 de la noche, los medios de comunicación han coincidido en señalar que en Ecuador todo está volviendo a la normalidad, las aguas vuelven a su nivel, y que la civilidad nuevamente había ocupado el Palacio de Carondelet.
La dolarización
Ecuador afronta la peor crisis económica en lo que va del siglo, con un 65 por ciento de inflación anual, un déficit fiscal que supera el 10 por ciento del PBI, una deuda externa que representa un peso insoportable para su economía, y una caída en sus exportaciones, entre otros graves factores.
El señor Jamil Mahuad trató de resolver esta crisis con un salto hacia adelante de consecuencias imprevisibles, anunció la dolarización de la economía y el "anclaje" del sucre a 25,000 por dólar. Una medida que significaba un vuelco total y que generó rechazos afiebrados y adhesiones tibias. Pero sí logró subir el apoyo de su gestión de 8 a 30 por ciento.
ésto, que fue en definitiva el detonante para su derrocamiento, resulta que será continuado por su predecesor, Gustavo Noboa, quien así lo ha anunciado al asumir el mando.
A punto de estallar
Particularmente, es conveniente precisar que la normalidad que señalan es totalmente aparente, que si bien es cierto la tranquilidad ha vuelto, ya nada es lo mismo. Con un Mahuad derrocado y una crisis económica acentuada, ¿podrá su ex vicepresidente enfrentar esos viejos problemas?
¿Acaso no hubiese sido más democrático que se llamen a nuevas elecciones generales?
Ecuador est viviendo los más difíciles momentos de su historia, en medio de una congoja y desesperanza por parte de su población, que no encuentra diferencia alguna entre uno y otro ocupante del Palacio de Candorelet, pues ambos no son de su aceptación.
En Quito, sobre todo, un constante reclamo se ha diseminado por todas las esferas sociales: "Pensábamos que los militares iban a llamar a elecciones, pero han devuelto el gobierno cambiando de nombre".
De esta manera, en Ecuador no se establece la normalidad, en cualquier momento (Dios no lo quiera), puede darse cualquier otro letal acontecimiento popular, pues Ecuador en cualquier momento puede estallar. La herida aún está abierta.
La toma de Quito
Por Gustavo Ríos Eslava(Corresponsal de Gente en Ecuador)
Desde primeras horas de la mañana del viernes 21 de enero, reina en el Ecuador una total incertidumbre, un vacío de poder, la anarquía, Los indígenas han estado escuchando y viendo el mensaje del presidente y les ha molestado su anuncio de no renunciar.
En las calles la gente está desconcertada, no sabe quién gobierna el Ecuador: si Mahuad que aún no renuncia; si los audaces coroneles insurrectos que aprovecharon la coyuntura indígena o si los generales del alto mando liderados por el flamante ministro de Defensa, general Mendoza, que hacía unos días sustituyera al conocido y destituido general José Gallardo y que bien pudo tener toda la escena previamente montada en la que los coroneles no eran sino simples actores al servicio de la obra.
Es el momento para algunos de pescar en río revuelto y entonces se produce otra aparición televisiva.
Alvaro Novoa, el empresario millonario que hacía pocas semanas tuviera como invitado por su cumpleaños a un miembro del clan Kennedy en su mansión de Bahía de Caraquez y que quedara segundo en las elecciones que ganara Mahuad, se autoerige en algo así como el líder natural del Ecuador y parece plegarse a los insurrectos al tiempo que insta a la ciudadanía a salir a las calles para pedir no sólo la renuncia de Mahuad sino de todos los políticos dentro de los que, por supuesto, él no se incluye.
Ya avanzada la tarde en la avenida de los Shyris, frente al enorme y bello parque de La Carolina en el moderno y próspero norte de Quito, se gesta una espontánea manifestación en respaldo al presidente Mahuad y del régimen democrático. Recuerda las manifestaciones de resistencia civil en el óvalo de Miraflores contra el régimen de Velasco Alvarado.
Gente blanca de clase media y media alta portando cartelones con lemas como "no a los milicos", "Yo apoyo a Jamil" "Yo no votó por un coronel" o "No al golpismo" marchan hasta altas horas de la noche por las inmediaciones del parque La Carolina en medio de un corro de bocinazos adherentes.
Los rumores se intensifican. Dicen que Mahuad salió de Quito rumbo al Perú, otros dicen que a Chile.. mientras voceros del gobierno insisten en que no se ha movido de Quito.
En las primeras horas de la noche el cordón de seguridad no puede resistir y miles de indígenas ingresan a la Plaza de la Independencia donde se erige el Palacio de Carondelet. Paco Moncayo mediante un altavoz trata de organizar el ingreso de los indígenas. Entre vivas, banderas en ristre y algunas agresiones a periodistas la masa indígena aguarda el resultado de la reunión que se lleva a cabo dentro de Palacio. Allí, en el despacho presidencial los coroneles insurrectos y los indígenas representados por su dirigencia negocian con el general Mendoza que representa a los altos mandos de las fuerzas armadas.
Los indígenas no aceptarón un gobierno únicamente de los generales pues ello sería desconocer a la Junta Patriótica de Salvación que ellos conformaron con los coroneles insurrectos.
Son más de las once de la noche y los periodistas siguen esperando en la sala donde suele sesionar el gabinete acondicionada como sala de prensa.
A las once y cuarentaicinco se da la conferencia de prensa en la que el general Mendoza anuncia oficialmente la conformación del triunvirato que dirigiró los destinos del Ecuador. Lo conforman el dirigente indígena Antonio Vargas, el ex presidente de la Corte Suprema Carlos Solárzano y el propio general Mendoza.
La larga y dramática jornada de ese día ha terminado y con el triunvirato, Ecuador se constituye quizá en el país que más presidentes ha cambiado, ya ostenta siete mandatarios en el lapso de cuatro años.
Los ecuatorianos abren los ojos el sábado 22 de enero del año dos mil, y, como si todo hubiese sido una pesadilla, se enteran, aún somnolientos, por la televisión de que el triunvirato no existe más y que tienen ya su octavo presidente, el doctor Gustavo Noboa, vicepresidente de Mahuad y a quien le correspondía constitucionalmente la presidencia. A las nueve de la mañana del sábado Ecuador parecía empezar un día muy distinto aunque diversas interrogantes quedaban por despejarse.
|